¿Por qué los perros no son todavía azules con manchas rojas? ¿Y por qué
los caballos no radian colores fluorescentes sobre las sombras
nocturnas de la tierra? ¿por qué la cría de animales, que permanece
todavía en el ámbito de lo económico, no ha pasado ya al terreno de lo
estético? Es como si nada hubiera cambiado en la relación entre
humanidad y entorno biológico desde las revoluciones del neolítico. Al
mismo tiempo que las granjas de Norte América y del oeste de Europa
están produciendo más comida de la que podemos consumir, también, sin
que sea una coincidencia, hemos aprendido técnicas que hacen concebible
la creación de especies de plantas y animales de acuerdo con nuestros
propios programas. No sólo tenemos montañas de mantequilla y de jamón,
ríos de leche y vino, sino que ahora también podemos crear seres vivos
artificiales, piezas de arte vivientes. Si quisieramos, estos avances
se podrían llevar a cabo, la actividad ganadera podría transferirse de
los campesinos – clase prácticamente inexistente hoy en día – a los
artistas, los cuales se reproducen como conejos, y no tienen suficiente
para comer.