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Programa de mano Ciudad Bailar · Exagerar

Ciudadbailar2020

Side Thinkers
6 NOV 2020 - 12 JUN 2021

Bailar se parece mucho a un escalofrío. Es una descarga de aire electrizado que nos atraviesa el cuerpo y libera el gesto de la decisión consciente. Bailar tiene también algo en común con el bostezo. Esa mueca íntima y empática que a la vez que nos estira, nos deforma y alivia. El baile, al igual que el escalofrío o el bostezo, no puede prohibirse. Puede ser objeto de regulaciones, limitaciones, protocolos o etiquetas, pero se seguirá manifestando como una reacción en cadena que conecta las profundidades de nuestro ser con lo que nos rodea.

Incluso en tiempos de confinamientos, pistas vacías y verbenas pospuestas, danzamos dentro de las paredes domésticas las coreografías de nuevas rutinas y roces, de los rituales de balcón y del uso del espacio público por turnos, como si se tratase del corro de una jam. Bailamos por videoconferencia, redes sociales, en espacios virtuales y digitales de todo tipo, celebramos fiestas online y vivimos nuevas dimensiones del encuentro musical. También las coreografías sociales de la injusticia, la exclusión y la opresión se reproducen dentro y fuera de los estados de alarma.

Descubrimos el baile como frontera en la que se encuentran fuerzas contrapuestas: por un lado un poder agregador y una extraordinaria fuerza en la construcción de comunidades, y por otro una monumental capacidad de disparar controversias. En síntesis, podemos encontrar en el baile una fuerza que centrífuga lo existente, lo agita, lo trocea y lo amalgama.  

Ciudad Bailar · Exagerar propone un acercamiento a estas ideas, pensando el baile como hipérbole de nuestras vidas, como expresión material y simbólica de un imaginario instituyente, como laboratorio que construye mundos a través de la exageración. Exageración que expande los límites de lo posible e invita a pensar en la potencia del baile para producir variaciones de la realidad, amplificar los cuerpos y desbordar las identidades.

                                                                                                                                                                                   Massimiliano Casu y Carlos López Carrasco